Caigo libremente ante tus encantos,
derrotando a la resistencia de callar
cualquier evidencia que delaten
mi deseo de tenerte en mis brazos.
Somos desconocidos en ese terreno,
porque compartimos nuestro lugar
más amigable, donde tus besos son
saludos que despiden a mi deseo.
Dar el primer paso es lo que manda,
cuando tus ojos no ven lo que siento;
resistir el silencio de callar y aguantar
es lo que hoy y siempre me mata.
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