En los vasos vacíos empiezo a buscar
el sabor de tus labios cuando nos tomamos
el último trago que compartimos sin medida
y que nos embriagamos hasta más no poder.
Recuerdo que me pedias más,
pero la botella se vació y no quedaba
ni una gota de esa mágica bebida
de la cual tomaste la mayor parte.
Te paraste de la mesa y caminaste
hacia otra, donde habían bebidas de colores,
más caras de las que bebiste en mi mesa,
pero quizás sin saber las marcas,
ni el tipo de bebida.
Al ver eso, no lo creía, pensé
que los tragos habían cegado mi razón,
la cual la encontré días después
de mi último sorbo.
Solo espero que tu resaca no sea tan cruel,
ni te queme las neuronas que guardan
nuestros recuerdos, que en su momento
fueron tragos muy dulces.
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