Ya con la sentencia dictada,
como juez te declaro prisionera
de mi corazón.
No por cometer delito alguno,
ni mucho menos por un pecado
en el que se te pueda culpar,
solamente por hacer algo que cambió
el curso de mi historia.
Desde ese día, ya mis días
no son los mismos, han cambiado
de color, pasaron de ser un color
en escala de grises a un arcoíris
de múltiples colores.
Mi religión ya no es la misma,
porque antes creía en cosas que al final
no me llevaban por un buen camino,
simplemente me creaba desconfianza.
Sin embargo, has cambiado todo en mí,
devolviéndome todo tipo de creencias
que había perdido tiempo atrás.
Por todos tus actos, puedo decir
que te quiero y espero que estos días,
a los que te he sentenciado, no terminen.
No hay comentarios:
Publicar un comentario