Ser testigo de un hecho que no quieres imaginar
es el peor castigo que puedes tener y más cuando
te lo encuentras de manera desafortunada.
No sabes como reaccionar, no sabes que decir,
por tu mente pasan cosas que no pueden sintonizarse
con tu habla, tu vista recolecta acciones que no quieres
capturarlos en tu memoria, pero desafortunadamente
esas cosas pasan.
Tu cuerpo empieza a funcionar de una manera
no sincronizada, que crees que no es evidente a la vista
de los demás, donde crees que el mundo deja de girar
y el tiempo se congela y todo pasa en cámara lenta.
Empiezas a imaginar cosas donde no entras en juego,
luego sueles volverte hipócrita, como que nada ha pasado,
pero por dentro de ti todo se derrumba creando
un desorden emocional que no quieres
que salga de ti en ese momento.
¿Qué nos queda? Pues simplemente ser un esclavo
de la casualidad y ser testigo de un hecho
que no quieres imaginar.
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